Romi (a.k.a. princesaperrito) es la mujer que la lleva en Café Forastero.

Lleva unos 5 años en el rubro, y los primeros no fueron fáciles. Fue una de las primeras baristas reconocidas en el círculo del café de especialidad en Santiago, destacándose en torneos de latte art.

Fue la primera barista de Ubuntu café, y dejó allí su marca, antes de integrarse al proyecto Forastero.

Hoy, está a la cabeza del segundo local de Forastero, que busca, además de entregar buen café, tener una oferta culinaria de calidad en un espacio más amplio y relajado.

Romina fue también la coordinadora de voluntarios en el Campeonato Nacional de Baristas de este año, dando cuenta de su gran capacidad de liderazgo y de la pasión por lo que hace.

A continuación, un poco de la historia de Romi como mujer del café.

¿Cuál fue tu primera experiencia con el café?

Mi primera experiencia fue en una cadena de hoteles que se instaló en chile, en el Ibis.

Yo tenía 19 años, estaba buscando pega part time para poder irme fuera del país, de intercambio y llegue atrabajar a este hotel, donde me enseñaron de todo. El rubro de atención al cliente, lo aprendí ahí y entre eso aprender a ocupar la máquina de espresso, pero con café Luccafé.

Y desde esa capacitación me empezó a interesar el mundo del café, como que había un universo de aprendizaje y ahí me metí a trabajar en el mundo del café.

Y el café de especialidad lo conocí un día que andaba en Lastarria y pasé a tomarme un café con mi pareja, y entramos a esta cafetería que se veía como super moderna y vanguardista en temas como e estética que era Wonderful café. Allá llegué y probé como un latte que me gustó mucho y me gustó mucho el concepto de cafetería más que el café mismo.

¿Cuál es tu relación actual con el café?

Ahora estoy abocada netamente a levantar mi cafetería. Que con mi pareja, yo lo ayude en un principio a levantar su cafetería, que es el café forastero que esta en Ricardo cumming, y 2 años y medio después pudimos abrir el segundo local que es el café q esta en Santa Isabel que ya es como mio y de el y estamos juntos levantando eso, estamos full en eso.

¿Cuáles son tus expectativas a futuro?

Estoy entre dos cosas. Estoy como que quiero irme fuera del país. Me gusta mucho conocer gente y exponerme, como mi conocimiento externo, desde otra perspectiva, pero por otro lado siento también una responsabilidad, como dueña de cafetería, como joven, mujer, de dejar algo hecho para la comunidad cafetera. Siento que está muy estancada y hacen falta más espacios.

Me gustaría poder participar más, y ojalá hacer cosas más grandes acá en Chile.

Son dos compromisos; uno es el compromiso personal de irme fuera del país y el otro es un compromiso comunitario de quedarme y seguir trabajando.

Dentro de tu trayectoria como barista, ¿Sientes que ha sido una dificultad ser mujer?

Si po’, es súper difícil.

Cuando yo entré a la primera cafetería de especialidad yo les dije: sabes, mi intención es trabajar en esto, aprender, y si tengo que hacer todo lo que tenga que hacer para entrar a este puesto de barista, lo voy a hacer. Era una época en que ser barista era súper bien visto, entonces estar en ese puesto era súper difícil, súper lejano. Más para una mina de 19 o 20 años.

Y se puso muy difícil la cosa, porque como que siempre tienes que hacerles saber a las personas que tú eres competente y siempre estás evaluándote tú a ti misma porque las demás personas también te evalúan o te cuestionan mucho tus competencias.

Cuando yo pasé por todas las labores habidas y por haber en esa pega ahí recién me dieron la posibilidad demandarme al curso de Juan Mario porque estaba hueveando como hace un año.  Cuando ya fui copera, fui garzona, fui cocina, fui jefa de turno, ya fui cajera.

Y al final dices: ya, ¿qué me queda? Si al final estoy aquí porque yo quiero estar ahí, quiero estar en barra, quiero hacer café.

Y te mandan a este curso y ahí vuelves con todas las ganas de meterte a la máquina y no hay espacio para eso. Porque yo he recibido comentarios como:

“Es que a nosotros no nos gusta que las mujeres se metan a la barra. Los hombres solamente son baristas”

“No quiero que las mujeres atiendan, porque prefiero que las minas saquen las cosas de la cocina no más, porque son más diligentes en ese lado, o prefiero que las minas hagan la caja, porque son más diligentes en ese aspecto. Pero Yo no quiero mujeres en barra ni tampoco quiero mujeres garzoneando”

Y tú no entiendes por qué si tu encuentras que eres completamente competente, que conoces todo, que estás comprometida con el negocio.

Tienes administradoras que son jefas tuyas que son mujeres, las dueñas son mujeres y aun así no te das cuenta por qué, si son mujeres, te hacen como la cruz.

También me topé con mucha misoginia. Te das cuenta que hay hueones que son súper violentos. Y piensas: este loco me violenta, me trata a garabatos, me grita. Este hueón me trata mal psicológicamente en el turno, y yo estoy haciendo mi pega bien y no le he faltado el respeto. Y lo avalan. Yo de ahí salí muy dañada. Con mucho odio al género y al rubro. Te dabas cuenta que era muy difícil.

Después incluso estando en una cafetería donde sí tenía el espacio para aprender y crecer como barista, recibí comentarios como:

-Ah pero si querís que entre más gente ponte una faldita corta. Ponte un vestido mas cortito.

Porque además en Chile existe esta idiosincrasia del café con piernas, donde nunca a una mujer la van a tomar en cuenta si quiere trabajar en esta industria seriamente.

Y todavía te vas a encontrar con gente incluso de tu familia que pregunta:

-¿y donde trabajas?

En un café.

-Ah, ¿en un café con piernas?

Entonces al final  devalúan tu valor como profesional porque eres mina y porque además existe este mural oscuro que es el café con piernas.

Después en el Forastero, cuando te vuelves administradora de un espacio, cuando eres como la jefa del local, si tu tienes un garzón que es hombre, los clientes siempre van a dirigirse a él. Y tu puedes saludarlos a la cara, ellos igual te van a ignorar y van a saludar al otro, y le van a preguntar de café a la otra persona, cuando la loca que está en la barra eres tú. Y así, muchas personas cuestionan tu conocimiento.

Y te pillas con muchas de esas actitudes que tu piensas: ¿esto va a ser así para siempre?

O lo que pasa cuando quieres ser participe de iniciativas mucho más perecederas para la comunidad cafetera, cuando te das cuenta que tienes ese compromiso, pero no es suficiente las ganas que tu tengas de meterte en organizaciones, y te das cuenta de que tu opinión no es escuchada, que básicamente tu puedes decir algo, pero finalmente no lo escuchan. Te das cuenta que tu estas perdiendo tu tiempo tratando de ayudar a una organización que no quiere tu ayuda. Y no es que ellos tengan la intención, no es que ellos sean malos, pero es algo automático.

Como lo que pasó con el voluntariado, que yo ofrecí ayuda antes pero no me escucharon hasta último minuto porque no tenían a nadie. Y después me dicen:

-Romi, ¡Que bacán la pega que hiciste!. Y me dieron flores.

Y sí, así soy yo, yo hago la pega bien, pero estoy chata de tener que estar justificando lo buena que soy gestionando este tipo de cosas, porque te aseguro que si hubiera venido otro -hombre- lo meten y listo, no habría tenido todas estas barreras por años y años para poder meterse a gestionar el campeonato.

¿Y cuáles crees entoces que son los desafíos en la industria para cortar la brecha del género?

Yo creo que el desafío es tomar las riendas, porque llevamos dos, tres años como visibilizando lo injusto que es todo.

Pero ya es momento de decir: si, es injusto, ya, pero ¿qué vamos a hacer al respecto?

¡Metámonos!

¿Hay que meterse a ANAPAC?

Ya, metámonos a ANAPAC.

¿Hay que participar?

Hay que participar.

¿Quieres sacar una cafetería?

Levantarla.

¿Quieres generar charlas?

Hay que hacerlo.

Hay que también tomar una responsabilidad, porque es re fácil apuntar con el dedo también al hombre barista, al macho barista.  Es re fácil apuntarlo con el dedo pero ¿cómo haces que eso cambie también?

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