Maria José, o Majo -como es conocida en el rubro- es una mujer con larga trayectoria en la industria cafetera. Primero en el café comercial y luego en el specialty coffee.

De las baristas más reconocidas a nivel nacional. Se ha ganado su espacio y ha permitido abrir camino a otras mujeres en el rubro.

La conocí en Coffee Culture, como jueza de la prueba final del curso en el cual participé.

Hoy la podemos encontrar en Slow Drop, un proyecto que gestó junto con Café Castelblanco y donde actualmente es la head barista.

Además, hace un tiempo ha comenzado a incursionar en el tatuaje, otra de sus pasiones que ha comenzado a desarrollar.

L@s invito a conocer un poco más de esta Mujer del Café.

¿Cuál fue tu primera experiencia con el café?

A los 17 años venía saliendo de cuarto medio y le pedí permiso notarial a mi vieja para comenzar a trabajar. Esa primera pega que encontré fue justamente en una cafetería.

Antiguamente se hablaba muy poco de café, era la taza de café, el “exprés” y el cortado.

Nunca se me va a olvidar, mi primer día de trabajo: eran puras señoras, nadie me explicó nada, y yo nunca en mi vida había visto una máquina de café. Ese primer día deje la pura embarrada por no cachar.

Pero mi real experiencia con el café fue por el 2012 en Sana Tentación.

Empecé a tomar café, sin entender. Con la ayuda de Diego Jaña (Barista y Tostador) que se dio la paja de enseñarme con mucha dedicación comencé a entender todo lo práctico que había hecho en años anteriores. Ahí partió la experiencia del café de especialidad. En el Sana Tentación  se marcó la diferencia entre ser maquinista a una barista.

¿Cuál es tu relación actual con el café?

Actualmente trabajo con los chicos de Café Castelblanco como barista trainer; estoy a cargo de capacitar a todos sus clientes y asegurar la calidad del producto en sus distintos locales.

Y en Slowdrop coffee bar, como head barista; como administradora o jefa de local. Eso implica inventario, calidad, productos, servicio, atención, producción, barra, barrer, caja, hago de todo.  Siempre he pensado que hay que ser multifuncional.

¿Cuáles son tus expectativas a futuro?

Quiero avanzar lo máximo posible en mi proyecto junto a Slow Drop porque siento que ya estoy en retirada del Barismo. Me manejo en hartas áreas del rubro y creo que llegue a mi tope, más que lo que ya estoy haciendo hoy en día no voy a llegar a hacer. Después viene tener tu propia cafetería y eso no me interesa.

Ahora quiero enfocarme en hacer un cambio desde el mundo del café al mundo del tatuaje. Sería ideal si pudiera hacer una transición tranquila e irme en paz con el café y poder dedicarme a lo que siempre quise que es tatuar.

Actualmente estoy montando mi propio estudio de tatuajes (Majo Tatts) y quiero dedicarle el mismo tiempo que le dediqué al café. Con la misma energía, lucas y tiempo que invertí en el café.

Dentro de la trayectoria que me has contado en la industria del café, ¿tuviste alguna dificultad por ser mujer?

No sabría decirte si fue por ser mujer, pero cuando partí en el café siempre fue de abajo. Al principio era la ayudante de barista o la que lavaba los platos. Yo casi no podía tocar la máquina y cuando yo quería hacer café o regular el molinillo tenía que esperar hasta el turno sola, porque si estaban los baristas (hombres) yo no tocaba la máquina.

Tenía ganas aprender, de avanzar y estar relegada fue una de las cosas que también me hizo darle y darle. Lo tomé como un desafío.

Me tocó vivir una competitividad destructiva, me tocó enfrentarme a un compañerismo que no fue positivo, me tocó luchar por mi puesto y por un mejor sueldo.  En ese entonces mi pensamiento y forma de actuar fue: le voy a cerrar la boca a todos los que me tiraron pa’ abajo (que lamentablemente siempre fueron hombres) y no me tenían fe. Pero piola, no alardeando como ellos, sino que con hechos.

Comencé participando en los TNT’s y en los dos primeros quedé dentro de los 5 primeros puestos y el tercero fue el primero de varios que gané. Por un rato fui la única mujer que participaba, la única mina.

Llegó un punto que tomé la actitud y a seguridad tal de la información que tenía, que pude pararme en frente de cualquiera estando a la par. Comencé a participar como juez de algunas competencias y siento que me gané ese posicionamiento entre todos.

Por un tiempo fui “la mina barista” y obvio que lo disfruté, pero es fome estar sola. A pesar de que no me incomodaba compartir sólo con hombres, traté de hacer migas con la nueva camada de niñas baristas que venía.

Hoy en día ves minas que son baristas, que son jefas de barra, minas que están con sus propios proyectos, minas que son tostadoras. Ha cambiado el panorama.

¿Cuáles crees que serian los desafíos de la industria en torno al género?

Es un tema cultural y como sociedad, pero creo que en Chile en los últimos años ha habido un avance en estos temas que aún no se ve en otros países de sudamérica. Yo lo viví en las distintas fincas, donde era mucho más marcada la diferencia de roles entre hombre y mujer.

Este es un rubro muchas veces machista, se jerarquiza al hombre primero, sin necesariamente tener el mérito o los conocimientos. Ojalá las cosas cambien poco a poco, es una lucha, en todo ámbito que ya se está dando.

¿Algo más que quieras agregar?

A las chiquillas nuevas que vienen al rubro les digo que la información ahora está muy a la mano, incluso a un click en internet. Que sean busquillas, que no se rindan. Es un bonito rubro, el café te da mucho de todo, hay muchas ramas, no solamente el latte art o el barismo. Pueden aprender y trabajar directamente en las fincas, etc.


Más sobre el trabajo de Majo en:
instagram.com/majorojastatts

instagram.com/majotatts

Ad
Ad
Ad
Ad
Ad