A Javiera la vi por primera vez en Fix café, por el año 2014.

Me la volví a encontrar en Bloom, y más tarde en Triciclo. Ahí la conocí un poco más.

Es una mujer amable y cálida; culta y con carácter; proactiva y aventurera.

Junto a Pamela Cruzat, crearon la marca de té Tea Rex, que estuvo a la venta en varias cafeterías de especialidad de Santiago hasta hace poco tiempo.

Hoy, Javiera se encuentra en Berlín, trabajando como barista en Silo Coffee, y desde la distancia nos ha contado su experiencia como mujer del café.

¿Cuál fue tu primera experiencia con el café?

Bueno, cuando era chica no me gustaba el chocolate (hasta el día de hoy), y era imposible para mí tomar leche con chocolate porque lo encontraba asqueroso. Entonces mi mamá me empezó a dar Eco y lo amaba. De ahí fuimos inseparables hasta que empecé a tomar café de verdad.

Mi mamá siempre fue cafetera, siempre compraba café en grano, tenía molinillo, tenía sus preparaciones; una americana, una moka, etc. Y cuando tenía yo como 7 años, mi mamá puso una cafetería chiquitita en Talca y a mí me encantaba estar ahí. Pasarme del colegio para allá era maravilloso.

Nunca me voy a olvidar de esta imagen que tengo de mi mamá con todos sus clientes frecuentes y que se cachaba que había muy buena onda, y yo creo que desde ese momento que yo siempre quise estar metida en el café.

Aunque sabía también que tenía que estudiar algo, porque la sociedad te lo obliga- no existía la carrera de barista, para nada- y cuando ya tenía más o menos pensado lo que quería hacer, nunca sabía qué quería hacer en verdad, pero sabía que quería al final tener una cafetería.

Obviamente, en ese momento no existía el café de especialidad, pero me acuerdo que cuando salí del colegio, me tomé un año sabático -porque no sabía qué hacer, no sabía qué estudiar- y ahí me fui a Nueva Zelanda y estando allá caché que habían un par de cafeterías de especialidad bacanes.

Después cuando llegué Chile dije:

– Acá imposible que haya esta cuestión.

Y creo que fue en el 2014 cuando me metí a trabajar a Fix, me puse a estudiar -literatura- y trabajar 1 año, y luego me dediqué solamente a trabajar. En Fix caché toda la volada po’. Ahí me enseñó el barista Francisco Miranda.

Después el loco se fue y ahí yo traje a la Pame. Yo le enseñe lo poco que sabía y después entre las 2 empezamos a aprender juntas y estábamos súper alejadas también de lo que era el mundillo del café. Entonces empezamos a recorrer cafeterías: fuimos a Coffee Culture, al Colmado, Ubuntu…

Y veíamos que todos los baristas eran hombres y creo que la única barista que cachaba -tampoco nunca nos topamos- era la Romi y la Majo también.

¿Cuál es tu relación actual con el café?

Actualmente estoy en Berlín, en una barra de un café muy bacán en verdad. Trabajamos casi 6 kilos al día. Los dueños también tienen una tostaduría, y de hecho estoy postulando para hacer un curso con entrenadora de roaster, como para aprender a tostar. Y este viernes tengo la entrevista. Ese sería mi siguiente paso para seguir aprendiendo, que es a lo que vine también.

¿Cuáles son tus expectativas a futuro?

Siempre me imaginé que mi cafetería la iba a tener ya como realizados varios proyectos. Es una cuestión como tener hijos casi a los 40, una cosa así, así lo veo. Porque igual es una cuestión que te amarra, una cafetería, o sea, es tu proyecto, es tu guagua. Y mínimo no puedes despegarte de él hasta como los 3 años, una cuestión así. Ahí recién puedes confiar en que alguien más se va a encargar como tú.

Entonces, antes de tener que hacer eso, de estar dándole, dándole y dándole tanto tiempo con un proyecto yo creo que quiero hacer hartas cosas: quiero viajar, quiero aprender otras cosas, entonces creo que por eso lo veo como una cuestión más a futuro y sería yo creo ojalá que para toda la vida. Como morirme haciendo eso, porque es algo que tu puedes hacer tan tranquilo, entregar algo tan bonito. No estás creando ningún mal. Siento que haciendo eso, pucha, no estoy hiriendo a nadie, al contrario, como que puedes hacer muchas cosas buenas, alegrarle  la vida con algo tan chico a mucha gente.

Tampoco tengo ambiciones de tener como “la mejor cafetería de Santiago, de Chile o del mundo”, o ser “la mejor barista”. No, simplemente quiero hacer las cosas bien, aprender todo lo que pueda, poder tener mi espacio, mis gustos, decorarlo, darle amor.

Como que es una cosa tan bonita que se puede abarcar desde tantas distintas aristas, que puedes entregar todo de ti y hacerlo con la conciencia super limpia.

¿Cuál crees que es el rol de la mujer en esta industria? ¿ha sido una dificultad para ti ser mujer?

Yo creo que igual hay una gran cantidad de mujeres baristas, secas. Yo tuve la suerte de trabajar con la Vale que ahora está tostando en Triciclo y la loca es seca, tiene una cuestión así como innata que es seca y se respeta caleta eso. Aún así,  ella igual es ruda. Yo no sé si soy tan así, pero me da lata que uno tenga que ser pesada como para hacerte respetar, y cuando empecé a ser pesada me empezó a resultar también, que la gente cachaba que no andaba hueviando.

Pero qué lata, no sé, te ven como tan niña, tan enana y flaca y sin ningún aspecto intimidante.

Y en todas partes, hasta acá que yo juraba que iba a ser distinto. Acá también pasa la misma cuestión, es así en todas partes y es porque el patriarcado está tan naturalizado que en verdad tampoco es como que lo hacen a propósito.

En Chile por lo menos todavía le falta a los hombres confiar en las mujeres dentro del café.

Me pasaba mucho, ponte tú en Triciclo, cuando yo trabajaba con el Seba y yo hacía los cursos de café, de filtrados, de barista también, ellos no cachaban que yo los hacía, todos pensaban que era el Seba. Y se encontraban con la sorpresa de que era yo y preguntaban:

-¿Oye y él no va a estar acá?

Y obvio, porque juraban que el Seba sabía más que yo cuando era al revés. El se sabía mucho más la teoría y todo, pero de barista no llevaba mucho tiempo, y por ser solamente la cara de Triciclo y ser hombre y ser más grande-también me veían a mí, una pendeja,- muchas veces me ninguneaban por esa cuestión.

Pasa sobre todo cuando eres como la sombra de alguien, pasa mucho esa cuestión, o también falta de credibilidad porque uno es  mujer. O creen que uno es la cajera, o la garzona. Eso también es un poco estresante, pero bueno, en verdad una trata de poner la mejor cara y decir:

– Oye, yo soy la barista, estoy acá haciendo los cafés. Esta persona acá al lado mío es, este hombre es el  garzón o el cajero o lo que sea.

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¿Cómo participar?

Fácil!

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